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Classical Source

Sábado 19 de Mayo del 2007

Cuarteto de Cuerda de Borodin No.2 in D
Cuarteto de Cuerda de Shostakovich No.8 in C minor, Op.110
Souvenir de Florence de Tchaikovsky, Op.70

Cuarteto Kopelman [Mikhail Kopelman & Boris Kuschnir (violín), Igor Sulyga (viola) y Mikhail Milman (violonchelo)] Julian Rachlin (viola) y Mischa Maisky (violoncelo)

El Cuarteto Kopelman, fundado en el año 2002, está compuesto por miembros que pertenecieron al Cuarteto Borodin, el Cuarteto de Moscú y los Virtuosos de Moscú. Este año los miembros del Cuarteto Kopelman serán artistas residentes en el Festival Internacional de Perth y el Festival de Música de Cámara de West Cork. Estos músicos forman una unidad inolvidable, como si hubieran nacido para ello. Añaden a una técnica impresionante, una afinidad sólida y mutua y, sobre todo, comprensión por la música de su país de nacimiento.

Julian Rachlin, el violinista que se convirtió en violista, tiene su propio festival en Dubrovnik y es parte del miembro docente del Conservatorio de Viena. Mischa Maisky, que recientemente ha ganado el Concurso Internacional de Gaspar Cassado en Florencia, fue alumno de Piatigorsky.

Borodin dedicó su cuarteto en D mayor a su mujer, conmemorando su primer encuentro en Heidelberg, veinte años atrás, en 1861. En efecto, le da una serenata, haciéndolo en forma de sonata en el primer y último movimiento. Las conocidas melodías del cuarteto son ardientes, tiernas y cariñosas, así como en la parte central del “Notturno”. La esencia de la interpretación del Cuarteto Kopelman fue de una dulzura enternecedora, pero, a su vez, basada en su profesionalidad, cariñosa y segura, sincera y fluida, con algún toque entrecortado de asombro y deleite, que se expresaba a través de un ligero rubato, que casi pasa desapercibido. Fue un tour de force, encantador y fresco.

La interpretación del Cuarteto No.8 de Shostakovich fue de una gran calidad humana. Oscuro y agonizante, frágil y resignado, consciente de angustia que se encuentra en el corazón de la condición humana. La ejecución del cuarteto más famoso de Shostakovich tuvo un carácter muy ruso. Escuchamos a un hijo de Borodin y Tchaikovsky, más que al compositor internacional moderno, que se encuentra tras Prokofiev; otro sonido bipolar y muy personal: un aullido individual de dolor. La interpretación de Igor Sulyga en la parte más destacada fue impresionante. Aquí, la conmoción y perspicacia de Shostakovich se convierten en universales.

El Souvenir de Florencia brilló. Según dijo Brahms, la obra que escribió Tchaikovsky para un sexteto tiene una forma un tanto diferente. Es más ligero, más ágil y distribuye sus diversas partes y solos con mayor habilidad. Tanto esta obra, como la de Borodin, tiene el estilo de una serenata. Su música se canta con lirismo, entre rápida o relajante, soleada o nublada, usando una temática nueva o temas del folclore nacional. Hubo mucho momentos de solo, así dando a Rachlin la oportunidad de cautivarnos, mientras que Maiksy cavaba hasta lo más hondo, produciendo un sonido profundo, lleno de seguridad y riqueza melódica. La fuga desembocó en un final frenético, un disturbio intoxicado.

Se podría decir, que este concierto de gran distinción nos brindó el panorama del alma rusa.